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Dermatología y estética.

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Dermatitis atópica Dermatitis de contacto Dermatitis seborreica
  • Dermatitis atópica
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Dermatitis atópica

La dermatitis atópica es una enfermedad inflamatoria con un curso crónico fluctuante, en el que, en otras palabras, se alternan períodos de mejora y fases de deterioro. Sus signos clínicos consisten en inflamación y sequedad de la piel (xerosis), en la mayoría de los casos acompañados de picazón (que, por el contrario, suele ser la primera manifestación de esta enfermedad) también particularmente intensa; la patología puede enmarcarse dentro del síndrome del sujeto atópico (o atopia), que se caracteriza por manifestaciones alérgicas; La asociación con el asma bronquial y la rinitis alérgica es frecuente (50%), casos en los que la dermatitis atópica generalmente precede a los síntomas respiratorios, mientras que es menos frecuente que con enfermedades oculares como la conjuntivitis atópica y la catarata atópica.

La dermatitis atópica es una patología frecuente y afecta al 10-20% de la población pediátrica; Las primeras manifestaciones suelen surgir en niños pequeños (antes del año de vida), mientras que su evolución es variada. Los síntomas generalmente regresan antes del comienzo de la edad escolar, pero en algunos casos (1-3%) pueden continuar hasta la edad adulta. La enfermedad tiene un fuerte componente genético, con un modo de transmisión poligénico autosómico; de hecho, un niño tiene una probabilidad de presentar la patología de aproximadamente 20-25% si un padre se ve afectado, 50% si ambos padres se ven afectados.

Varios factores pueden desencadenar el desarrollo de la enfermedad a través de mecanismos inmunológicos. En particular, los factores ambientales incluyen alérgenos por inhalación (por ejemplo, ácaros del polvo), alérgenos alimentarios, de animales y antígenos bacterianos. Una alteración de la barrera cutánea puede representar un factor agravante de la enfermedad, pero también puede ser una causa importante en la activación inicial o en la exacerbación de las manifestaciones cutáneas. Los pacientes con dermatitis atópica tienen una piel seca que la hace áspera al tacto, delgada y más propensa a la descamación y fisuración: todas las situaciones que la dañan o alteran su estado (por ejemplo, contacto con irritantes, cambios repentinos temperatura y rozaduras) pueden desencadenar o exacerbar las manifestaciones de la piel. La dermatitis atópica ocurre con numerosos cuadros clínicos, que pueden variar ampliamente según la edad del paciente: en particular, se reconoce la dermatitis atópica del lactante, una de la infancia y una del adulto. Clásicamente, para hacer un diagnóstico, debe haber tres criterios principales, o un criterio principal asociado con al menos tres criterios menores. La dermatitis atópica del lactante comienza en los primeros meses de vida, generalmente en el segundo y tercer mes, y afecta a todo el cuerpo, pero en particular a las mejillas, el mentón (el área central-facial está libre) y el cuero cabelludo; posteriormente, las superficies extensoras de las extremidades también pueden estar involucradas (el área del pañal está libre). En la piel aparecen primero manchas rojas, luego pequeñas ampollas; estos pueden romperse, haciendo que el líquido escape, lo que puede asentarse y dar lugar a formaciones crujientes a veces incluso importantes. El niño a menudo está inquieto y también tiene picazón intensa. Puede haber una sobreinfección bacteriana causada por estafilococo aureus. A diferencia de la del lactante, la dermatitis atópica adulta afecta la región perioral (alrededor de la boca), los párpados, el dorso de las manos, el sitio retroauricular y nucal, a veces las extremidades inferiores. La piel es seca, áspera al tacto, engrosada; En ciertas áreas, como pliegues y cara grandes (alrededor de la boca y los ojos y en la comisura de los labios), puede haber liquenificación.

Un síntoma casi siempre presente es la picazón, a veces de aparición repentina, que en algunos casos puede ser particularmente intensa.

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